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Un día en el laboratorio FIV de Tambre Alicante

A day in the IVF laboratory at Tambre Alicante

Con motivo del Día de la Biología, que se celebra cada 25 de enero, hemos querido mirar donde casi nunca se mira: al corazón invisible de la reproducción asistida.

Hay espacios que son vitales, pero que no suelen verse. Lugares donde no entra el ruido, donde el tiempo se mide en minutos, y a veces, en segundos. El laboratorio de embriología es uno de ellos.

En Tambre Alicante hemos pasado un día entero acompañando a Leonor, Sara y Victoria. Hemos observado su trabajo de embriólogas, aprendiendo de sus procesos y saliendo con una profunda admiración. Porque lo que sucede aquí no se ve, pero es clave para que todo funcione.

En este vídeo mostramos cómo es un día en el laboratorio de FIV de Tambre Alicante. Un lugar fundamental para hacer realidad el sueño de tener un bebé. Seguro que te va a sorprender. 



El laboratorio: donde empieza (casi) todo

La jornada de nuestras embriólogas comienza muy temprano. A las 07:30 de la mañana el laboratorio ya está en marcha. Antes de cualquier procedimiento, hay rituales que se repiten día a día y que hablan de rigor: ropa específica, gorro, manos perfectamente lavadas. Al laboratorio se entra sin perfume ni maquillaje para no alterar el ambiente. Todo está pensado para proteger algo muy valioso.

Todas las mañanas revisamos las temperaturas de nuestros incubadores y de las superficies calefactadas al igual que el resto de los equipos que tenemos dentro de nuestro laboratorio. Además, revisamos nuestro sistema de monitorización de equipos para comprobar que no ha habido alteraciones durante la noche.

Una vez tenemos todos los equipos a punto podemos sacar los medios de vitrificación para atemperarlos y poder utilizarlos.

Tecnología de última generación, pensada hasta el mínimo detalle

Los nuevos laboratorios de Tambre Alicante son amplios, luminosos y están diseñados con un objetivo claro: crear el mejor entorno posible para gametos y embriones… y también para las personas que trabajan con ellos.

Son laboratorios de última generación, conectados directamente con el quirófano y con el laboratorio de andrología, lo que permite una coordinación milimétrica y evita desplazamientos innecesarios. La constancia de la temperatura, la estabilidad y la trazabilidad son prioridades absolutas.

Aquí se trabaja con algunos de los medios y materiales más avanzados que existen actualmente. Todo está pensado para reducir el estrés celular al mínimo y ofrecer las mejores condiciones posibles en cada paso.

Mirar embriones, tomar decisiones

Una de las primeras tareas del día es revisar el desarrollo embrionario y monitorizarlo. Observar cómo evolucionan los embriones en cultivo y decidir, en función de su estadio, qué se hará con cada uno: observar, vitrificar, biopsiar o preparar para transferencia. Para estas decisiones además de la experiencia del embriólogo en Tambre contamos con Chloe, un sistema de IA que nos ayuda a discernir, siempre en base al criterio del embriólogo y en colaboración con él, cuál es el mejor embrión. La IA nos ayuda a priorizar los primeros en transferir.

Son decisiones técnicas y a la vez, también humanas. Detrás de cada embrión hay una historia, una paciente, una expectativa. Y eso nuestras embriólogas siempre lo tienen en cuenta.


Seguridad absoluta: saber que “ese” es el embrión

Cuando llega el momento de descongelar embriones, todo se vuelve aún más preciso. Cada muestra se verifica varias veces. En Tambre se trabaja con doble testigo humano y con un sistema de radiofrecuencia llamado RI Witness que garantiza la trazabilidad completa. Antes de desvitrificar un embrión, se comprueba todo. Siempre.

La vitrificación y desvitrificación se realiza con protocolos ultrarrápidos. En apenas un minuto el embrión pasa de -196 grados a 37 grados centígrados. El proceso completo tarda cinco minutos.

Después, el embrión descansa, se rehidrata, se observa… Y un momento precioso, también se fotografía para que la paciente pueda verlo antes de la transferencia.

Andrología: el otro lado imprescindible

El laboratorio de andrología es otro punto clave del día. Aquí se analizan las muestras seminales: concentración, movilidad, morfología. Además de valorar la calidad, también realizamos la preparación seminal, la capacitación para “limpiar” las muestras que vamos a utilizar para inseminar y microinyectar los ovocitos. Otras muestras se congelan siguiendo un protocolo muy cuidado, con tiempos exactos y pasos progresivos antes de su conservación en nitrógeno líquido.

Todo sigue un orden preciso. Es fundamental.

Del quirófano al laboratorio, sin perder un grado

Un momento clave es la obtención de los ovocitos. La paciente entra en el quirófano para la punción folicular. Se le aplica una anestesia suave que la duerme mientras se obtienen sus óvulos. En ese momento, la coordinación entre el quirófano y el laboratorio es absoluta. Los ovocitos llegan en tubos calefactados, uno a uno, sin interrupciones, para no romper la cadena térmica.

Al observarlos por primera vez, tienen ese aspecto tan gráfico que las embriólogas describen como “huevo frito”: el ovocito en el centro y, alrededor, las células del cúmulo que lo protegen y nutren.

La embrióloga los lava cuidadosamente, se limpian, se colocan en incubadores y se les da tiempo para recuperarse del procedimiento.

Preparar los ovocitos, preparar el futuro

Tras la punción llega uno de los momentos clave: la decumulación, que es liberar al ovocito de las células que lo rodean para poder evaluar su madurez. Es un proceso delicado, que combina técnica química y mecánica, ovocito a ovocito.

Después llega el ICSI: la microinyección directa del espermatozoide en el óvulo. La embrióloga selecciona cuidadosamente el espermatozoide con mejor calidad y menor fragmentación de ADN, coloca al ovocito correctamente y realiza la inyección con una precisión extrema.

Cuando termina este proceso, los ovocitos ya fecundados pasan al medio de cultivo donde permanecerán entre cinco y seis días para desarrollarse.

El momento más esperado: la transferencia

Y llega el momento más esperado. Cuando los embriones han alcanzado la fase de blastocisto, entre cinco y seis días después, es el momento de la transferencia embrionaria. Este paso se prepara con el mismo cuidado que todo lo anterior. material estéril, superficies limpias, temperatura constante. Cuando el equipo médico avisa de que la paciente está lista, el embrión se introduce en la cánula de transferencia por la embrióloga y es llevado al quirófano. En nuestro centro esta distancia entre el laboratorio y el quirófano es mínima para evitar cambios bruscos de temperatura y posibles riesgos.

Después, tras retirar la cánula, la embrióloga la revisa cuidadosamente para confirmar que el embrión ha llegado a su destino. Y se desea suerte. Siempre.

Personas detrás de cada proceso

Este reportaje no habría sido posible sin las profesionales que nos han abierto las puertas del laboratorio: Leonor Ortega, embrióloga y directora de los laboratorios de Tambre Alicante, y las embriólogas Sara Ruiz y Victoria Almela.

Mujeres con gran experiencia, mucho rigor y sensibilidad y una vocación enorme. Profesionales que son una garantía por lo que hacen y sobre todo, por cómo lo hacen.

Lo que no se ve, pero lo sostiene todo

Pasar un día en el laboratorio de FIV de Tambre Alicante nos ha recordado que los procesos son importantes, pero las personas lo son aún más.

A la ciencia y la última tecnología le añadimos el cariño, la responsabilidad y el objetivo primordial que es acompañar a cada paciente de la mejor manera posible y poner todos los medios, humanos y técnicos al servicio de su tratamiento para lograr el objetivo de tener un bebé.

Porque lo que ocurre en el laboratorio no siempre se ve. Pero sin su trabajo, nada sería posible.