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El síndrome de ovarios poliquísticos

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El síndrome de ovarios poliquísticos, ¿cómo se aprecia en la analítica? En los años 30 Stein y Lventhal describieron un grupo de mujeres con amenorrea, obesidad, hirsutismo y grandes ovarios llenos de quistes, en las que una resección de parte del ovario permitía la regularización de sus ovulaciones. El síndrome de Stein-leventhal o de ovarios poliquísticos tomó gran popularidad a partir de los años setenta cuando la ecografía permitió valorar de forma sencilla el aspecto de los ovarios. Desde entonces el concepto de ovarios poliquísticos ha creado enormes confusiones entre las pacientes y grandes debates sobre su diagnóstico entre los ginecólogos.

Hoy sabemos el aspecto de los ovarios poliquísticos no es más que la consecuencia fisiológica de una situación crónica o persistente de anovulación, sea cual sea su causa inicial. Esta anovulación, que comienza traduciéndose en ciclos irregulares o algún retraso aislado, favorece un aumento de peso y una mayor producción de testosterona y hormona masculina. Ambas circunstancias a su vez dificultan la ovulación, entrando en un círculo vicioso que acaba, en los casos extremos, en cuadro típico de amenorrea o falta de regla por anovulación, obesidad e hirsutismo o exceso de vello por el aumento de testosterona, lo que suele provocar, además, alopecia o caída del cabello, piel grasa y acné.

Analíticamente el hallazgo más constante es una elevación de la LH, por encima de los valores de FSH, siendo mayor del doble en los casos más claros. Esta elevación de la LH es también tanto causa como consecuencia de la anovulación persistente pero influye también en una disminución de la fertilidad incluso cuando se produce la ovulación espontánea o cuando se realizan técnicas de reproducción asistida, además de ser la responsable de una mayor tasa de abortos cuando se consigue el embarazo. A esta elevación característica de la LH suele acompañarse un aumento de la testosterona libre y, con frecuencia, una respuesta alterada a la sobrecarga oral de glucosa. Todos estos parámetros son muy variables y están muy relacionados con el sobrepeso. De tal modo el principal tratamiento en las mujeres con anovulación crónica (SOP) y sobrepeso es una dieta hipocalórica que consiga bajar su IMC por debajo de 27, tanto para conseguir el embarazo o evitar un aborto posterior como para reducir riesgos para su salud como la diabetes o los accidentes cardiovasculares.