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Embarazo en verano: ¿Cómo influyen las altas temperaturas?

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El calor puede afectar al embarazo en verano dando lugar a diferentes síntomas. ¡Te contamos cuáles son y cómo prevenirlos!

Durante el embarazo la temperatura corporal de las mujeres está de por sí aumentada, por lo que las consecuencias de las altas temperaturas durante el verano pueden estar más exacerbadas que en el resto de las personas. Sin embargo, el feto estará protegido siempre a la temperatura adecuada gracias a la regulación corporal de la madre. Sin embargo, este mecanismo de regulación puede hacer que la madre sufra algunos síntomas derivados del calor.

 Síntomas secundarios

Los cambios que el cuerpo de la madre va a sufrir para poder controlar el calor son básicamente dos: la sudoración y la vasodilatación del torrente sanguíneo. Al subir la temperatura, nuestro cuerpo responde con la sudoración para enfriarlo y mantener una temperatura interna media constante. Esto implica una pérdida de líquido importante y, por lo tanto, una deshidratación mayor de la habitual.

Por otra parte, los vasos sanguíneos se dilatan por el calor y esto puede producir una disminución de la tensión arterial y un enlentecimiento del retorno venoso. Todo ello puede provocar hinchazón en piernas y pies y sensación de pesadez en las piernas.

Si durante el embarazo en verano no se beben suficientes líquidos, esta situación puede ir a más provocando mareos e incluso pérdida de conciencia con desvanecimientos en los casos más extremos. Incluso tumbadas boca arriba, los embarazos más avanzados pueden provocar mareos debido a la compresión del retorno venoso en el abdomen y la dificultad de la llegada de la sangre hacia la cabeza.

¿Qué hacer para prevenir estos síntomas?

Para evitar en la medida de lo posible la influencia de las altas temperaturas, las embarazadas deben seguir una serie de recomendaciones básicas. La hidratación es lo más importante, por lo que deben beber un mínimo de 2 litros diarios y preferiblemente el consumo debería ser en su mayoría agua. En cuanto a la alimentación, lo ideal son comidas frías y ligeras para evitar digestiones pesadas.

Es muy recomendable hacer ejercicio físico durante la gestación y una de las formas más seguras de hacerlo es salir a andar o pasear asiduamente. En verano hay que tener cuidado y evitar las salidas a horas centrales del día y durante los días con calor extremo. Por otra parte, la vestimenta también influirá, por lo que hay que procurar utilizar ropa fresca, holgada, de colores claros y cómoda. Los mejores tejidos son el algodón y la ropa de hilo. Para los pies las sandalias planas y que no compriman demasiado los pies.

Para aquellas mujeres a las que se les hinches piernas y pies, se recomienda que los mantengan en alto y eviten estar de pie muchas horas, aunque moverse y andar sí es recomendable. En casos más extremos con problemas de circulación, aunque no sea muy cómodo, no quedará más remedio que utilizar medias de compresión.