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¿Puede afectarme el estar demasiado delgada o hacer mucho ejercicio?

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Una situación aguda de estrés puede ocasionar la inhibición de la ovulación con el consecuente retraso de la menstruación. El motivo es la estrecha relación a nivel del hipotálamo entre el control emocional y el de la síntesis de las hormonas reguladoras de las gonadotropinas. Esta inhibición de la ovulación puede ocurrir cualquiera que sea el factor estresante: un accidente, un fallecimiento cercano, unas oposiciones, una relación sin protección y el consecuente miedo al embarazo… Cuando la situación causante del estrés se mantiene y cronifica puede interferir en el ciclo fisiológico menstrual ocasionando desde fases lúteas insuficientes con acortamientos de los ciclos hasta reglas irregulares con retrasos frecuentes o, incluso, largos periodos de amenorrea.

La búsqueda angustiosa del embarazo y el temor al fracaso en dicha búsqueda se convierten con frecuencia en un factor adicional que impide el embarazo por este motivo. Un proceso similar, aunque a través de un proceso fisiológico más complejo todavía en estudio y en el que interviene, por ejemplo, los niveles de leptina, ocurre con la pérdida excesiva de peso, o más concretamente con una baja proporción de grasa corporal, o con el ejercicio intenso. Estos tres factores, estrés, estar demasiado delgada y hacer demasiado ejercicio, son factores independientes pero que se potencian entre sí y, además, suelen coincidir en deportistas de élite o en mujeres con trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia.

También existen casos raros en el mal funcionamiento del hipotálamo deriva de una alteración genética, normalmente asociada a trastornos de la percepción de los olores o anosmia, en los que suelen encontrarse en la familia otros casos con amenorrea, anosmia o ambas. Sin embargo los tres anteriores son los factores más frecuentemente implicados en la amenorrea hipotalámica o hipogonadismo hipogonadotropo, lo que significa, literalmente, fallo de los ovarios debido a que no le llegan las órdenes correctas del cerebro. A nivel analítico esta situación se traduce en una disminución basal tanto de los niveles de estrógenos como de FSH y LH. Aunque esta disminución es muy sutil y con frecuencia los valores que encontramos de todas ellas están dentro de la normalidad, en una mujer sin reglas nos permite fácilmente diferenciarlos de un fallo ovárico oculto en el que el ovario no responde a las órdenes cerebrales o hipofisarias.

No disponemos de ninguna técnica diagnóstica que nos confirme el buen o mal funcionamiento del hipotálamo. Por ello, una vez descartado que el problema esté en el ovario, pues en tal caso se elevaría la FSH, es necesario descartar la existencia de patología orgánica a nivel de la hipófisis mediante una resonancia magnética de la silla turca. Confirmada su normalidad anatómica podemos establecer el diagnóstico de amenorrea hipotalámica.

Todos los casos de amenorrea hipotalámica responden excelentemente a los tratamientos inductores de la ovulación ya que nosotros aportamos las hormonas que no produce la hipófisis y el ovario no tiene ningún problema en responder adecuadamente a estas hormonas. Sin embargo, los casos de amenorrea hipotalámica originados por un problema de anorexia nerviosa o un ejercicio excesivo lo que están indicando es un balance energético inadecuado que puede ser motivo de complicaciones en el embarazo originando mayores tasas de aborto espontáneo, menos peso de los recién nacidos, mayor riesgo de parto prematuro y una mortalidad fetal hasta seis veces superior.

Por ello es importante que, pese a la alta efectividad de los tratamientos de reproducción asistida en estos casos, el objetivo se centre en corregir la causa del trastorno, lo cual conseguirá por sí mismo el restablecimiento de las ovulaciones y, seguramente, la consecución del embarazo por medios naturales.