La sexualidad nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida. A edades muy tempranas los niños ya comienzan a manifestar su sexualidad por medio de comportamientos y juegos. Asimismo, ésta se mantendrá y seguirá expresándose hasta la vejez.
La sexualidad reside en nuestra mente. Está mediada por nuestras creencias, cultura, fantasías, valores, deseos, pensamientos y se manifiesta por medio de nuestro cuerpo y comportamiento. Así, nuestra personalidad va a determinar nuestra conducta sexual.
Dentro de las relaciones de pareja la sexualidad es una fuente de satisfacción que, de verse alterada, podría afectar al vínculo y desarrollo de la pareja incluso a su faceta reproductiva. En muchos casos, la causa de una disfunción sexual (incapacidad de llevar a cabo el acto sexual de manera satisfactoria) puede ser orgánica o médica (debido a enfermedades o inducida por sustancias como drogas o algunos medicamentos) y siempre habrá que descartar primero esta vía. En otros casos, podrían estar detrás factores psicológicos como ansiedad, estrés, depresión, culpa, miedo, hostilidad, etc. incluso son muy comunes los factores de tipo educacional o cultural. De cualquier forma, una causa no tiene por qué excluir a las demás. Por esta razón, Tambre ofrece un equipo multidisciplinar, donde ginecólogos, urólogos, endocrinos, psicólogos y sexólogos trabajan unidos para la solución de cualquier tipo de dificultad en las relaciones sexuales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002) define la sexualidad como un aspecto central de ser humano en todas sus áreas de la vida y abarca el sexo, identidades sexuales y papeles, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción. La sexualidad es experimentada y expresada mediante pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, comportamientos, prácticas, papeles y relaciones. Mientras la sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no todas ellas siempre son experimentadas o expresadas. La sexualidad está mediada bajo la influencia de la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.
La salud sexual requiere un acercamiento positivo y respetuoso a la sexualidad y relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales agradables y seguras, sin la coacción, la discriminación y la violencia. Para lograr y mantener la salud sexual los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y mantenidos o garantizados.
Disfunciones sexuales
La disfunción sexual es la incapacidad de llevar a cabo el acto sexual de manera satisfactoria. La dificultad puede darse en cualquiera de las etapas de la respuesta sexual humana. Estas etapas son la fase de deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución.
Las disfunciones sexuales pueden ser primarias o secundarias, es decir, primarias cuando siempre han interferido en el individuo desde el inicio de sus relaciones, y secundarias cuando surgen tras haber establecido previamente relaciones sexuales satisfactorias. Asimismo, hay que distinguir si se manifiesta de forma generalizada (si ocurre en todas las situaciones y con todas las parejas), o bien, específica (se da ante determinadas parejas, situaciones o frente una forma concreta de de estimulación).
El primer paso para el correcto diagnóstico de una disfunción sexual es siempre descartar que se trate de un problema biológico o médico. De no ser así, trabajaremos sobre las causas psicológicas que pudiesen estar generando y manteniendo la disfunción sexual. Con frecuencia, el trabajo se realizará en ambos niveles tanto orgánico como psicológico debido al impacto emocional que éstas generan tanto en hombres como en mujeres.
Las principales disfunciones sexuales son:
1) Los trastornos del deseo sexual.
- Deseo sexual inhibido o hipoactivo. Puede aparecer tanto en hombres como en mujeres. En estas personas existe un bajo interés sexual. No sienten necesidad de desarrollar comportamientos sexuales ni tampoco hay excitación ante situaciones que normalmente activarían la respuesta sexual del individuo. No existen fantasías sexuales ni tampoco masturbación. Puede deberse a una condición médica (niveles hormonales, efectos secundarios de medicamentos que pueden disminuir el deseo, etc.), o bien, a factores psicológicos de tipo estados depresivos, de ansiedad y estrés, baja autoestima, imagen corporal negativa, falta de erotismo y fantasías dentro de la relación de pareja, entre otros muchos.
- Aversión al sexo es un estado de extrema ansiedad o pánico ante la idea de mantener cualquier tipo de relación sexual que limita al individuo a desarrollar una intimida erótica normal. Es mas frecuente en mujeres que en hombres y puede ocasionar un gran deterioro en la vida de estas personas. Su origen puede estar en experiencias traumáticas de tipo abuso sexual en la infancia, violación, o bien, se ha podido desarrollar como consecuencia de repetidas experiencias de dolor (dispareunia) en las relaciones sexuales. Una educación represiva con respecto al sexo también podría desencadenar la aversión. Surge una reacción de aborrecimiento que impulsa al individuo a evitar cualquier tipo de circunstancia que se relacione con el sexo.
- Adicción sexual es la necesidad o dependencia de llevar a cabo comportamientos sexuales a cualquier hora del día y en cualquier lugar de manera que pueden llegar a interferir en las relaciones personales, sociales y laborales del individuo y genera sentimientos de culpa, dolor y arrepentimiento una vez que se ha llevado a cabo la conducta adictiva. Con frecuencia hacen uso de pornografía, redes sociales dirigidas al sexo en Internet, prostitución, líneas eróticas, etc.
2) Trastornos de la excitación sexual.
- Disfunción eréctil o incapacidad para conseguir o mantener una erección satisfactoria para el coito. Algunos aspectos que sugieren una causa orgánica serían un inicio gradual de la disfunción, libido normal, factores de riesgo en la historia médica (problemas cardiovasculares, endocrinos o neurológicos), consumo de medicamentos asociados a la disfunción eréctil, etc. Sin embargo, un inicio repentino, si existen erecciones matinales o autoestimuladas, un cambio importante en la vida actual, dificultades en la relación de pareja, así como problemas psicológicos puede ser indicativo de un factor psicógeno asociado a la disfunción. Los sentimientos de culpa, el miedo al fracaso en la relación sexual, la falta de comunicación con la pareja, la disminución del erotismo previo al coito, son algunos de los factores que pueden mantener la disfunción eréctil.
- Trastorno de la excitación genital persistente en mujeres. Excitación sexual genital (con congestión y lubricación) espontánea, intrusiva y no deseada en ausencia de deseo e interés sexual. La vivencia de esta excitación se describe en muchas mujeres como desagradable al no ser elegida ni controlada. La excitación no desaparece tras un orgasmo y puede persistir durante horas incluso días. Se trata de un trastorno recientemente descrito en el que las causas pueden ser múltiples.
3) Trastornos del orgasmo.
- Eyaculación precoz es la falta de control en la eyaculación. El hombre no logra retrasar o posponer su eyaculación hasta el momento en que sí desearía hacerlo. El hombre eyacula al poco tiempo de penetrar a su pareja incluso antes de llegar a la penetración. Hay que explorar que pueda existir un problema físico o enfermedad que pueda estar generando la disfunción. Sin embargo, la causa mas frecuente es la falta de habilidad del hombre para identificar o percibir las sensaciones corporales pre-eyaculatorias para poder influir en su aceleración o retraso. Con frecuencia, se debe a una historia previa de relaciones sexuales rápidas (en el coche, con riesgo a ser descubierto, parejas que demandan prisa, etc.) que no han permitido desarrollar al hombre la capacidad para disfrutar y percibir su propio placer. Asimismo, la ansiedad anticipatoria asociada al fracaso favorece que persista la disfunción.
- Eyaculación retardada o tardía es la dificultad para eyacular a pesar de sentir una elevada excitación sexual. Puede ocurrir que el hombre logre eyacular con normalidad por medio de su masturbación pero no lo haga o tarde demasiado con su pareja y sí lo logre con otras personas donde no existe vinculación afectiva, como parejas desconocidas. En estos casos, el origen estaría en factores psicológicos. La propia ansiedad que genera la disfunción sirve, a su vez, para mantenerla. Asimismo, existen trastornos orgánicos que pueden afectar a la eyaculación del hombre.
- Eyaculación retrógrada es la entrada de semen en la vejiga en lugar de salir por la uretra durante la eyaculación. No supone ningún daño físico, sin embargo puede ser un gran inconveniente en parejas que deseen reproducirse, si bien, es de fácil solución por medio de técnicas de reproducción asistida. Es conveniente consultarlo con un urólogo.
- Síndrome dolor post-eyaculatorio. Se trata de dolor persistente y recurrente en los órganos genitales durante la eyaculación o inmediatamente después. La duración del dolor es variable, desde unos pocos minutos hasta incluso más de un día, al igual que la intensidad. Puede darse en todas las relaciones sexuales y masturbación o desarrollarse solo bajo ciertas circunstancias. Se debe a la contracción espasmódica de los músculos genitales masculinos. El temor del hombre a desarrollar una eyaculación dolorosa incrementa la tensión y favorece la probabilidad que se desencadene los espasmos musculares. Es el equivalente al vaginismo en las mujeres.
- Anorgasmia es la inhibición recurrente y persistente del orgasmo en la mujer. Debemos diagnosticar anorgasmia siempre que consideremos que se ha producido una excitación física y psíquica adecuada en intensidad, duración y tipo y, a pesar de ello, no se logra alcanzar el orgasmo. Un subtipo de anorgasmia frecuente es la anorgasmia coital, es decir, la mujer no logra el orgasmo por medio de la penetración pero sí por medio de la masturbación, caricias o manipulación del clítoris.
4) Trastornos sexuales por dolor.
- Dispareunia es el dolor genital recurrente o persistente asociado con el coito. Las mujeres experimentan angustia y dificultades en sus relaciones interpersonales como consecuencia del dolor que limita notablemente su satisfacción sexual. El dolor puede focalizarse bien a la entrada de la vagina, en mitad de la vagina o en la profundidad del área vaginal. La etiología es muy diversa, desde causas hormonales, neurológicas, vasculares, inmunitarias, hasta factores de tipo psicosexual. Es necesario realizar un examen físico muy completo para descartar que se deba a un problema biológico (infecciones vaginales, endometriosis, cistitis, cicatrices consecuencia del parto, etc.). En el plano psicosexual las causas pueden estar asociadas a experiencias traumáticas anteriores, falta de excitación que impida la lubricación adecuada, experiencia dolorosa en la primera relación sexual de la mujer, temores y miedos asociados al coito.
- Vaginismo o imposibilidad de lograr una penetración vaginal por medio del pene, de un dedo o un objeto a pesar del auténtico deseo de hacerlo. Se debe a la contracción involuntaria de los músculos que rodean la vagina. Es frecuente la evitación fóbica en la mujer y suele acompañarse de miedo ante la respuesta anticipatoria de dolor que, a su vez, refuerza la perpetuación del problema. La tensión que genera no permite la relajación de los músculos de la vagina. Existen distintos grados de vaginismo en función de la incapacidad que genere a la mujer. Un himen rígido, la endometriosis o una inflamación de la pelvis pueden ser algunas de las causas orgánicas del vaginismo. Una vez descartada la etiología orgánica, se explorarán aspectos psicológicos como miedo al embarazo, conflictos de pareja, vivencias traumáticas relacionadas con el sexo, etc.
Mitos y creencias falsas acerca de la sexualidad
Los mitos sexuales contienen información sexual equivocada o carente de valor científico pero con apariencia de realidad y transmitidos en su mayoría por el boca a boca. Son múltiples los mitos que aún persisten y que se encuentran muy arraigados en nuestra sociedad. Estos pueden limitarnos a la hora de expresar nuestra sexualidad de forma sana y libre. Aquí el factor educacional es decisivo. Una información sexual adecuada y veraz sobre los diversos aspectos de la sexualidad sirve, en muchas ocasiones, para incrementar la satisfacción sexual.
Algunos de los mitos que persisten con mayor fuerza son:
El hombre siempre está preparado para una relación sexual. Falso. El hombre, al igual que la mujer, no siempre desea mantener una relación sexual y debe decir no cuando así sea. Podría vivirse como una obligación por parte del hombre y, en ocasiones, dar lugar a disfunciones sexuales. El rol de “hay que cumplir” tan solo sirve para coartar tu libre sexualidad.
Relaciones sexuales es sinónimo de coito. Falso. La base de una relación sexual es el afecto y el placer. Si pensamos que cualquier tipo de relación sexual tiene que acabar en coito, podemos caer en la obligatoriedad de llegar a la penetración cuando sólo deseamos besos o caricias. Se puede caer en el error de pensar que si beso o estimulo a mi pareja tengo que acabar en el coito. Esta forma de entender la relación sexual puede llevarnos a inhibir las caricias para evitar que nuestra pareja piense que queremos llegar hasta el final. Las caricias, los besos, la masturbación de, o con la pareja, el orgasmo, son otras formas de mantener relaciones sexuales y existe la libertad de decidir si se desea o no llegar al coito.
Si hay masturbación individual estando en pareja, es que hay conflictos en la relación. Falso. La masturbación individual es una forma de demostrarse afecto a uno mismo y darse placer. El tener pareja no lo convierte en algo incompatible.
Necesito sentir mucho deseo para iniciar una relación sexual con mi pareja y que ésta sea satisfactoria. Falso. A medida que la relación de pareja se vuelve estable, es inevitable que la “pasión” inicial vaya descendiendo. La activación del deseo va a pasar de ser tan espontánea y va a requerir de una mayor estimulación de nuestros sentidos. Es importante que la pareja sea conciente de ello.
Si mi pareja tiene fantasías sexuales durante nuestras relaciones sexuales significa que tenemos un problema. Falso. Por medio de las fantasías nos autoerotizamos y logramos incrementar el deseo. Eso no significa que queramos menos a la pareja o que no nos excite nuestra pareja. De hecho, es común que lo que fantaseamos, si lo llevásemos a la práctica, no nos resultaría tan satisfactorio e incluso podría llegar a ser desagradable.
Bibliografía:
Recuerde que la Clínica Tambre dispone de una Unidad de Apoyo Psicológico donde un terapeuta sexual y de pareja podrá resolver sus demandas, dudas o dificultades que puedan afectar al desarrollo sano de su sexualidad. Ponemos a su disposición bibliografía actual recomendada:
- ¿Por qué es divertido el sexo?: la evolución de la sexualidad humana. Jared Diamond. Barcelona: Debate, 2007.
- Tu sexo es aún más tuyo: todo lo que has de saber para disfrutar de tu sexualidad. Sylvia de Béjar. Barcelona: Planeta, 2006.
- Los lenguajes del deseo: claves para orientarse en el laberinto de las pasiones. Enrique Rojas. Madrid: Temas de Hoy, 2004.
- Esta noche no, querida: el fin de la guerra de sexos y la aceptación de los valores masculinos. Sergio Sinay. Barcelona: RBA, 2004.
- ¿Hablas de sexo con tu hijo?: guía para conocer y educar a los adolescentes. Nora Rodríguez. Madrid: Temas de Hoy, 2007.
- Para niños: El gran libro de la sexualidad. José R. Díaz Morfa y colaboradores. Madrid: Libsa, 2001.
- La educación sexual de los hijos. Félix López Sánchez. Madrid: Pirámide, 2005.
- Más que amigas. Jennifer Quiles. Barcelona: Plaza & Janés, 2002.